Aniquilación

Annihilation (Alex Garland, 2018) es un filme muy interesante para quienes gusten de la ciencia ficción existencialista al estilo de Arrival de Denis Villeneuve, pero con muchos más toques oníricos. No es una película para todos los públicos, ya que su complejidad puede confundir y frustrar a algunos. Quien busque acción o terror al estilo Alien les advierto que la película tiene sus momentos, pero no son el eje central de esta historia. Sigue leyendo

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¡Bienvenido a Neo-Tokio!

Últimamente se me ha escaseado el tiempo y he fallado en mi propósito de publicar mi artículo mensual. No por falta de ideas y contenidos, al contrario, son muchos y luego no me decido por ninguno. Para romper un poco con la rutina, ayer volví a ver Akira, de 1988, una de las piezas más reconocidas del universo anime (ahora en HD).

Akira es un clásico por excelencia de esas historias que no disgustan en lo absoluto, pero que confunden y juegan al ajedrez con nuestra mente. Sigue leyendo

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Como los peces…

Guillermo del Toro es uno de mis directores preferidos. Es de esos que saben hacer artesanías de cine serie B, que explora mundos de seres extravagantes. De los que, como Tim Burton o Tarantino, hacen pasar un elefante por el ojo de una aguja a modo de musical y todos le aplauden hipnotizados como si fuera la octava maravilla del mundo.

La forma del agua (The shape of water, 2017) toma elementos de múltiples historias: la princesa muda, La bella y la bestia, el monstruo del pantano… Es una historia de terror con romanticismo pero zambullida (literalmente) en un mundo de científicos locos y espías en plena guerra fría. Una historia sublimemente edulcorada con elementos fantásticos y románticos, y un puñado de personajes estereotipados (con buenos muy buenos y malos muy malos, donde lo gris no existe), pero lo dejamos pasar mientras disfrutamos de una magnífica fotografía, la música maravillosa de Alexandre Desplat y una narración de cuento de hadas. Sigue leyendo

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Los que nacen tienen alma. Creo

Atreverse con un clásico de culto como lo es Blade Runner (Ridley Scott, 1982), es aventurarse a profanar lo sagrado. Es que, luego de treinta y cinco años, la película de Ridley Scott ha dejado de ser perfecta para ser, prácticamente, sobrenatural. Sigue leyendo

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